Zuhair Murad volvió al glamour sin complejos para la primavera de verano de 2026, tomando profundamente de la Edad de Oro de Hollywood y de los poderosos arquetipos cinematográficos encarnados por figuras como Katharine Hepburn. Tras varias más actuaciones contenidas en resorts y prêt-à-porter, el modista reafirmó su dominio del espectáculo, presentando una colección que celebraba la fuerza, la feminidad y el atractivo cinematográfico con renovada convicción.
Las siluetas de hombros anchos formaban la columna vertebral estructural de la colección, anclando vestidos transparentes y capas fluidas con una geometría decidida. Aunque el resurgimiento de los hombros grandes suele estar vinculado a la nostalgia de los años 80, Murad miró más atrás, a las películas de los años 40 que originalmente establecieron ese poderoso esquema. En sus manos, la silueta dejó de ser un renacimiento retro y se convirtió más en el carácter: mujeres moldeadas por la determinación, la independencia y la presencia. La interacción entre la estructura escultórica y las telas suaves y diáfanas creó una tensión constante entre autoridad y gracia.
El color y la superficie amplificaban esta narrativa. Murad tomó literalmente el “dorado” de la Edad de Oro, inundando la pasarela de amarillos, metálicos cálidos y un brillo implacable. Las columnas de lentejuelas brillaban con la intensidad de trofeos recién pulidos, mientras que cuentas y lamé captaban la luz en olas, diseñadas para lograr el máximo impacto bajo flashes y lámparas de araña. Eran vestidos concebidos para la alfombra roja, que llamaban la atención sin disculpas y celebraban el drama de ser vistos.
A pesar del brillo de la colección, esta estaba sustentada por un mensaje más tranquilo de resiliencia. Murad reconoció que las tensiones continuas en Oriente Medio complicaban el proceso de producción, especialmente la obtención de tejidos de Italia y Francia. Sin embargo, el atelier perseveró, y esa sensación de resistencia influyó sutilmente en la obra, impregnando su glamour con una nota de desafío y optimismo en lugar de mera evasión.
Una adición notable fue la introducción de opulentas pieles sintéticas, que aparecieron en estolas, fulares y abrigos de capullo sobredimensionados. A menudo adornadas con cuentas y cabochones, estas piezas añadían una nueva capa de teatralidad mientras se alineaban con un enfoque más ético del lujo. Sus volúmenes lujosos contrastaban de forma llamativa con los vestidos elegantes que rozaban el cuerpo que había debajo, reforzando el juego de la colección entre la suavidad y el poder.
De manera crítica, Primavera-Verano 2026 no buscó reinventar el lenguaje de alta costura de Murad, sino refinarlo e intensificarlo. En ocasiones, el énfasis en el brillo y la escala rozaba el exceso, pero ese exceso es central para su atractivo. Al canalizar la mitología dorada de Hollywood a través de una lente moderna de fuerza y perseverancia femenina, Murad entregó una colección que resultaba tanto nostálgicamente opulenta como emocionalmente resonante—una reafirmación segura del glamour como forma de empoderamiento.
