El 28 de abril de 2026, las costas de Biarritz se convirtieron en el epicentro del mundo de la moda cuando Matthieu Blazy presentó su primera colección Cruise para Chanel. De regreso a la ciudad donde Gabrielle Chanel abrió su primera Maison de Couture en 1915, el desfile tuvo lugar en el icónico Casino Art Decó, con vistas al Atlántico. La narrativa era de “joie de vivre” y mujeres reales, que uniera la herencia jet-set de 1919 y un sentido moderno y pionero de libertad. La narración de Blazy reactivó con éxito el espíritu de los Bañistas—un homenaje a la obra de 1918 de Olga Khokhlova—enmarcando a la mujer Chanel como una protagonista que se siente igual de cómoda en un salón de casino o vadeando “pieds dans l’eau” (pies en el agua) con los zapatos en la mano.
La narración visual, realzada por el diseño de escenografía con espejos de Martin Brûlé, creó una interacción rítmica entre la arquitectura histórica y las impetuosas olas del océano. El viaje narrativo pasó de un sofisticado look inicial totalmente negro—definido por líneas blancas geométricas y pendientes de concha roja sobredimensionados—a una vibrante explosión de coral, azul marino y rojos intensos. Observamos un flujo visual que reflejaba la transición de nadador a sirena, con películas teaser de Julien Martinez Leclerc que establecieron un tono onírico. Esta estética se sustentaba en arreglos florales de Thierry Boutemy que reflejaban la atmósfera del apartamento de Coco en la Rue Cambon, enmarcando la colección como un diálogo armonioso entre París y la costa vasca.
La innovación técnica esta temporada estuvo liderada por el “aligeramiento” radical del característico tweed de la casa por parte de Blazy, rediseñándolo para que resultara tan ligero como un tejido de verano. Un destacado técnico principal fue la introducción de tejidos iridiscentes tipo “sirena” y mini-vestidos de red que hacían referencia al equipo tradicional de pescador, elevados mediante la aplicación de cristales de rocío marino y perlas. Observamos un uso magistral de siluetas de vestidos cruzados y faldas emblemáticas de “cintura caída”, combinadas con chaquetas holgadas que favorecen un paso contemporáneo y dinámico. La confección de la prenda también incluía elementos caprichosos como flecos inspirados en las sombrillas de playa vintage y cinturas “envueltas” que simulaban la naturalidad de un jersey atado a las caderas, combinando la precisión de la alta costura con la espontaneidad de un paseo por la playa.
El debut de Matthieu Blazy para Chanel es un triunfo majestuoso que humaniza con éxito el lujo de la marca. Debemos admitir que la sinergia entre la estética histórica del nadador de los años 50 y la sastrería moderna y “real” es una clase magistral en gestión del patrimonio. Cabe destacar que la colaboración con Maison Michel para los sombreros abombados y la gorra de baño con flores añadió una capa necesaria de efervescencia artística al desfile. Desde nuestra perspectiva, la mayor fortaleza de la colección es su capacidad para mantener la dualidad de la mujer Chanel: es tanto una elegante reina del Casino como una sirena libre del rompiente. En definitiva, Cruise 2027 es una celebración poética y descalza de una nueva era.
